Gracias Armenian Volunteer Corps por esta experiencia, y gracias Armenia por ser lo que eres.

No fue la travesía perfecta, ni la actividad más glamorosa; pero haber sido voluntario de Armenian Volunteer Corps plantó, a base de amistad fraternal y conciencia, una semilla en lo más hondo de mi alma.
No, no te pintaré Hayastán como la tierra prometida, ni tampoco como el lugar más interesante de la Tierra. Ni siquiera plasmaré en estos renglones a las tierras armenias como los parajes más hermosos; bellos paisajes y culturas peculiares tenemos, gracias a Dios, en cada esquina del globo. Tampoco alabaré la gastronomía, mira si muchas veces, los mismos locales abren más su apetito a la cocina de la vecina Georgia.
Entonces, ¿Qué tiene de especial Armenia? ¿por qué servir como voluntario en este lugar? Bueno, la respuesta a estas dos preguntas es simple: su gente.
 
Sin duda, el primer día que se recorren las calles de Yereván, uno sufre un singular shock cultural. A las primeras impresiones, los armenios parecen rudos, monótonos e inclusive, algo superficiales. Y es que en cierta medida lo son. De igual forma, parecerán un batido de culturas; si has estado en otros lugares, dudarás de si te encuentras en Europa o Asia.

 
Pero con el tiempo, la guía de AVC y el contacto con los voluntarios armenios de Birthright y los locales; comienza uno a entender y a generar un singular amor por este pequeño, pero bravo pueblo.
                              
Jamás me había sentido tan lleno al entregar mi tiempo, trabajo y alma por una causa. Y es que nadie podrá negarme que el pueblo armenio es de los más nobles que existen sobre la tierra.

 

Ellos sufren día a día, viendo su cuna, el Ararat, en manos extranjeras. Ellos, dignos a su historia como los primeros cristianos, mantienen la humildad de la madera y la piedra en sus iglesias. Ellos comparten hasta la más pequeña migaja de pan. Ellos, con una sonrisa, invitan al extraño a degustar un poco de vino o un buen horovats. Ellos enfrentaron la aniquilación solos. Ellos aguantan la gran injuria que representa el negar el Genocidio de sus ancestros. Ellos derrotaron tanques y cazas con espadas y viejos rifles. Ellos evitaron que la historia se repitiera y hoy día, ellos saben que a pesar de estar rodeados de enemigos, el intelecto y la Fe les sacarán adelante. Ellos, a pesar de lo injusto que ha sido el destino para con su nación, sonríen al futuro con esperanza; una esperanza que veía en los ojos de cada niño al que enseñaba.
 
No, Armenia no era el lugar más bello ni el más interesante, pero su gente lo vale. Ellos me convirtieron en armenio y si algún día el destino da otro revés a estas personas, no dudaré en unirme a los fedayis que encaren la destrucción y la injusticia.
Gracias Armenian Volunteer Corps por esta experiencia, y gracias Armenia por ser lo que eres.

                     
Alejandro Santos Ortega
Mexico 

 

05/12/2015